"¿Te debo responder de inmediato?" fue lo primero que se le vino a la mente... el no estaba preparado para una situación así, sobre todo después de haber entregado tanto a favor de la relación, pero ¿qué se le podía pedir? la acostumbró a que ella era la princesa, la mujer que lograba dominar algo su alocado temperamento, la que le había hecho volver a creer en el amor, la que había lorgado que esa chispa que poco a poco se iba apangando dentro de su ser encendiera con tal pasión... el tiempo es el tiempo y hay que respetarlo, hay que dejar que pueda hacer lo suyo, y en esta oportunidad el se había quedado esperando demasiado en el tiempo, es por ello que se venían todas estas cosas a la mente, es por ello que se le venía esta situación tan encima, pero ¿cuánto no soñó con este momento? ¿cuántas veces no se ilusionó con la sola idea de que llegara este momento?... y no sabía que hacer.
Pero debía decidirse, debía arriesgarlo todo, porque ya era el momento esperado, ese momento que el destino te trae sin preguntarte, sin avisarte siquiera, y que hace que todo tenga una especial magia. En ese instante unió su mano a la de ella, se acercó a ella, dejándose separar por esa fusión de manos y le dijo:
"No te quiero como a cualquier mujer, sino como a una mujer que se transformó en parte de mi ser. No te ofrezco más riquezas que las que podamos juntar para pavimentar el camino de nuestra felicidad. En todo este tiempo te has hecho tan parte de mi, que me siento incompleto sin ti. Te ofrezco que podamos mirar los dos en una misma dirección; te ofrezco mis hombros anchos para levantar el mundo; te ofrezco mi fortaleza y también mis debilidades; te ofrezco mi dependencia y mi independencia; te ofrezco mis sueños realizados, los por realizar y los que siempre quedarán en sueños; te ofrezco todo lo que soy, lo que fui y lo que seré; en fin te ofrezco la vida entera, si es que tu deseas compartirla..."
En ese preciso instante, sellaron con un beso aquella ofrenda de amor, un beso que los fusionaba más que lo que nunca habían estado fusionados, mientras ella le repetía una y mil veces que lo aceptaba, que con un sí era suficiente...
Pero el caprichoso de Morfeo se preocupó de devolverlo a la realidad, le soltó de sus brazos, lo dejó caer bruscamente y sólo le quedaba el sabor de un beso de amor en su boca, era lo único que recordaba al despertar de ese sueño... una declaración, un beso y un nombre, que hasta el día de hoy ronda en su mente, y que hasta el día de hoy le hace mirar al horizonte, mirar la puesta de sol, el cielo frente al mar antes de una tormenta, y el susurro de la brisa marina que le repite una y mil veces... Andrea, Andrea, Andrea....

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