El Tata...

viernes, septiembre 02, 2005

 

Hoy en la mañana sigue más vivo que nunca el recuerdo de un gran personaje en mi vida que me marcó mi infancia y mi vida entera: mi Tata, mi tío bisabuelo Don Luis Guillermo Vilches Cáceres, y es por ello que quiero dedicarle estas líneas a él..
Nació en Valparaíso el 01 de Junio de 1903, el mayor de tres medios hermanos (hermanos al fin y al cabo), durante toda su juventud se dedicó a sus estudios de piano y a leer... era una biblioteca ambulante, de esas personas que tienen una respuesta coherente para todo... luego de terminar su secundaria ingresó a la Universidad de Chile a estudiar pedagogía en Educación Musical, y a perfeccionar sus conocimientos en música en el Conservatorio Nacional de Música, se desempeñó como profesor en distintos colegios, siendo los Padres Franceses (tanto de Valparaíso como de Alameda donde más tiempo desarrolló su vocación de instructor.
Era un hombre agradecido de la vida... su corazón lo había conquistado solamente una mujer, y por cosas que nunca quiso explicar, esa mujer no estaba junto a su lado y había decidido no formar una familia en el futuro dedicándose por completo a la pasión que le llenaba la vida: La Música.
En su caminar por la vida conoció a destacados artistas de culto, es así como me hablaba de las veces en que, en casa de Margot Loyola conoció al Gran Pablo Neruda, o las veces en que se codeaba con gente que le decían era importante para el mundo intelectual de la época.
Los grandes recuerdos que tengo de él, es que fue quien hizo las labores de padre en mi vida, esa figura paterna protectora que le da lo mejor a sus hijos la tengo de él... se preocupó durante toda su vida de darme una buena educación, de que a mi no me faltara cosa alguna, y por sobre todo inculcarme valores que permanecen en mí hasta el día de hoy... porque es hoy cuando reconozco que era más que una lata leer todos los sábados partes del manual de carreño (sobre Urbanidad y Buenas Maneras), estudiar un poco de solfeo musical y practicar la caligrafía... era mi instructor personal, de esos que se ven en películas antiguas en donde salen familias adineradas que tienen en su casa una institutriz.
Desde la década de los 60' comparte tiempo de clases entre el Internado Barros Arana (INBA) y los Padres Franceses de Alameda, y más adelante imparte clases de piano en forma particular, ganando varios concursos interescolares de coros.
Recuerdo que los días sábados eran para mi un mundo de entretención inmensa, en la mañana práctica de solfeo musical, lectura del manual de carreño y caligrafía... Luego venía el almuerzo, platos exquisitos preparados por él mismo (aunque el último tiempo íbamos a comer al algún restaurant cerca de su casa).
Después la obligada siesta, ¡Cómo me encantaba que me arropara bien para que durmiera cómodo! y cómo yo me hacía el dormido sólo para escucharle cantar mientras tocaba el piano en la pieza contigua... Mucho tiempo después, cuando ibamos a comer fuera, nos sentábamos en la Plaza Almagro y yo reposaba mi cabeza en su regazo y ahí dormía siesta, sin temor a que algo fuera a pasarme... él siempre me llamaba "mi perrito choco" y trataba de hacer que yo me enojara cuando me decía "Malo el Tata.." todo para que yo le dijera que era lo más querido que tenía en la vida...
Las tardes eran espectantes... visitas a museos, ¡qué cantidad de cosas aprendía en esos hermosos lugares! y se remataba cuando no encontrábamos con mi abuela en la Plaza de Armas y nos íbamos al Café Paula o al Santos a tomar onces...
Siempre me decía que lo que él anhelaba era ganar la lotería de Concepción, para dejarme asegurado el futuro y para llevarme a conocer su amado Valparaíso...
Se fue de mi lado físicamente el 18 de Noviembre de 1990, estaba enfermo pero no le gustaba que los otros se preocuparan por él... porque decía que el estaba bien, hay gente peor... Mi abuela fue a verlo ese día lunes (yo había estado compartiendo con él el fin de semana y lo había dejado recostado) a la hora de almuerzo... ahí lo encontró en su cama, sin aliento... yo tenía 14 años... había llegado hace poco del colegio cuando mi abuela llega a la casa a contarme todo... mi papito se había muerto, mi tatita querido ya no estaba conmigo, odié y renegué a Dios, y me encerré en mi dolor, no podía creer que esto me estuviera sucediendo, no ahora cuando más lo empezaba a necesitar... me duró un poco más de tiempo el recuperarme de eso... creo que aún es algo que duele... pero siento que me acompaña día a día..
Hasta siempre tatita, gracias a ti creo ser un hombre con valores sólidos, gracias por heredarme esa vocación de enseñar...
tu perrito choco...

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