Han sido días tan felices los que he pasado esta última semana, que no puedo dejar de hablar de mi hermosa niñita. Es la que me ha traído el alma al cuerpo desde que nació, es la que me ha dado una gran razón para vivir y para ser alguien más en la vida... todo por ella. Desde que me decidí por estudiar pedagogía que me siento muy compenetrado con todas mis "guaguas" como le digo yo, pero la principal de todas se dió desde el 13 de agosto de 2002 (aunque la he querido desde antes), como le dijera Dios a Jeremías: "desde que estabas en el vientre de tu madre". Durante mucho tiempo me dediqué a relacionarme mejor con su mamá, por ella, para que no sufriera la discriminación (en un país con igualdades para todos...) de tener padres separados, no tener que elegir entre su papá o su mamá...
Si vieran como nos brillan los ojitos a cada uno cuando estamos cerca... como se produce esa mágica relación que sólo quienes tienen la gracia de ser padres pueden conocer... como se parte el corazón cuando hay que castigar o decir que no por alguna cosa.
En estos días he sentido un especial acercamiento por alguien (por ti...), y lejos entre ambos hay muchas cosas en común, que incluyen hasta el miedo de lo que estamos sintiendo, pero hay una cosa mayor que todo, y es que (según lo que dicen mis amigos) me va a cohartar al momento de decidir rehacer mi vida... pero ¿cómo uno va a estar con una pareja si esa persona no se encariña con el ser que más amas en el mundo? si a pesar de compartir gustos, miedos, inquietudes, no comparte el cariño por una personita especial... le he ido poniendo nombre a mis miedos estos días y creo que el principal (aparte del rechazo, claro está) es el que pueda querer a mi hija... no digo con un amor de madre o de madrastra (aunque no me gusta el término, en todo caso igualaría a Neruda y diría la mamadre) sino que con el amor que todo niño debe tener a su lado, compartir de distintas formas ese amor... el sueño de futura pareja que tengo no es que me aguante a mi y a mi hija (y no es una indirecta por si acaso), sino que acepte el que quiera a mi hija, que crea cuando le digo que mi hija me necesita y por eso paso a verla, y no es porque quiero ver a su madre...
Este día, en el viaje de vuelta a Santiasco (con mis botellitas de aire puro, que se contaminaron al abrirlas en la capital) me sirvió para pensar muchas cosas, para querer arriesgarme a intentarlo si la otra persona lo quiere intentar... pero por sobre todo a darme cuenta que de una u otra forma creo ser un buen padre, cuidadoso de su tesoro más querido, con un corazón grande para más hijos, con un corazón con cariño inmenso para una pareja que me quiera acompañar en mi caminar por la vida, que quiera afrontar las alegrías y las tristezas juntos.
A mi hija que sepa que el apoyo y la felicidad siempre van a estar con ella, y que su padre siempre la va a saber acompañar y amar...
Antonio...
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